Donde desaparecieron. Final.

Horas después de todo lo anterior... 

Ciudad desierta con solo la silueta pequeña, mínima, de una persona huyendo...


Las luces se apagaron. La imagen se reprodujo en la pantalla enorme del proyector. El móvil crepitó y comenzó a emitir una imagen. Nadie pestañeaba.

—¡Mierda! no sé si esto se está grabando —dijo una voz ronca que pertenecía a un hombre con el rostro sudoroso y sucio que inundaba la pantalla completa.

—No sé si alguien lo verá —susurró de nuevo—. Pero si hay una mínima posibilidad… habrá merecido la pena intentarlo…

Y comenzó a relatar una historia de algo que había sucedido en un lugar llamado Valdemoro. La voz continuaba:

La luz lo sigue iluminando todo a mi alrededor. Ese destello verde que lo colorea todo. Me da auténtico asco. No es como pensaba, la verdad. Ese destello no quema. No duele. No emite frío ni calor.

Se escuchó una explosión lejana y el tipo dio un respingo.

No hay nada en pie más allá de este edificio y esta habitación. Hay una ráfaga de viento insalubre que lo azota todo a su paso. Pero no hay nada de lo que uno espera cuando piensa en el final. Al menos no en este final.

Y, sin embargo… sigo siendo yo —dijo dándose un par de tortas en la cara. O eso creo.

Intento moverme, pero no tengo la certeza de tener un cuerpo. He de estar anclado a este pilar. Si lo suelto, me llevarán. Cuando trato de moverme, en cambio, no lo logro. Es como si el simple hecho de pensar el movimiento, fuese una tortura. No logro que ninguna fibra de mi cuerpo responda. Pero cada vez siento como si la idea de mí mismo se fuera disipando en mi cerebro.

Me fuerzo por obtener algún recuerdo. Algunos sí que permanecen a mi lado. Recuerdo la casa. Las notas. El bar de Luigi. La azotea. Las ventanas. El extraño orden. Las luces. El patrón —se detuvo un poco y enjugó sus lágrimas con el dorso de la mano. Suspiró con fuerza.

Recuerdo a Ray riéndose, como si todo esto fuera un juego. O como si al final hubiese perdido la cabeza. Era un tipo pragmático, pero también se disolvió. El pobre Sonny, que estaba obsesionado tratando de encontrar sentido a esta locura. Y, por supuesto, a Maddy… apretando los dientes, taponándose la herida del vientre con un puño ennegrecido. Llorando, gritando, blasfemando. Y negándose a rendirse, incluso cuando todo se desmoronaba y las fuerzas le fallaron. Cuando aflojó la tensión se disolvió. Mientras flotaba hacia el cielo, me miró fijamente y pude leerle los labios. Decía continuamente: “Avisa a todo el mundo. Usa las redes”

Joder. Por más que miro arriba, no consigo verlos. Ni oírlos. No sé dónde están ahora. Ni siquiera sé si están… en algún sitio. O si esto es todo. 

Un destello iluminó el rostro del tipo de la pantalla, coloreándolo de un verde enfermizo.

La luz late —prosiguió, mirando anárquicamente a todas partes.

Es la misma sensación que tenía en Valdemoro. Ese hormigueo por la espina dorsal, pero mucho más intenso. Ese ruido que rebota una y otra vez en mi cabeza, siguiendo un extraño ritmo.  Ese maldito patrón.

Ahora entiendo mejor de qué se trataba. No era solo una señal. Era… un lenguaje. Una especie de morse que se siente en la espina dorsal. No uno hecho de palabras. Ni de sonidos. Es como si estuvieran hechos… no sé, por una fuerza externa.

Ya han llegado. Ya están aquí. No soy capaz de verlos. Al menos, se siente distinto. Se trata de algo diferente a cómo vemos nosotros. Los sientes. La imagen se forma en tu cerebro a partir de esos golpeteos neuronales, se va formando una presencia constante en tu mente. Y te sientes observado. Analizado. No hay maldad, sino análisis. Eso es lo que más me sorprende. No sientes odio ni rabia. Tampoco violencia. O no como la entendemos.

Para ellos, esto no es una guerra. Nunca lo fue. Es otra cosa. Algo que no alcanzo a comprender del todo. Me da la sensación de que quieren estudiarnos, no vencernos. 

Pero hay algo más. Algo que no esperaba sentir. No estoy solo. Hay… ecos. Siento esos ecos hechos de hormigueo e imágenes en el subconsciente. Descubro pensamientos que no son míos. De un lugar extraño que no conozco. Fragmentos de otra vida. En otro lugar. Sentimientos que me son familiares. De repente, lloro sin venir a cuento. Otras veces suelto una pequeña carcajada. Pero no entiendo bien por qué. Creo que son otras conciencias que se rozan con la mía. Pero sin llegar a mezclarse. Como el aceite y el agua: una queda abajo, la otra asciende.

¡Ray! Eh, tío, ¿estás aquí? —dice el hombre mirando a todas partes con la mirada enajenada. No logro verlo. Ni lo oigo. Pero reconozco su presencia. Es absurdo, lo sé. Pero es él. O, al menos, una especie de… impresión suya. Como cuando recuerdas a alguien con tanta fuerza que casi puedes sentirlo.

¡Sonny, tío! Os echo de menos. Os echo mucho de menos. Ahora estás tú a mi lado. No sé dónde estás, pero no me queda mucho, ¿verdad? Siento que no me queda mucho…

¡Noooo! ¡Maddy! Si me hubiese atrevido a decirte todo lo que sentía… —el tipo se golpea la sien con el talón de la mano. 

No seas idiota. No están aquí como antes. Pero sé que tampoco han desaparecido del todo. Y eso cambia las cosas. Entonces entiendo algo que no había entendido mientras estábamos abajo —dijo abriendo mucho los ojos… Claro… Nunca se trató solo de nosotros. Ni de ellos. Se trataba de… establecer una conexión.

De cómo estamos juntos. No, juntos tampoco nos quieren. Es como si me estuvieran diciendo que nos quieren reemplazar por versiones más avanzadas de nosotros mismos. Estamos condenados. No lo estamos. La humanidad siempre ha tenido razón en una cosa: Somos increíblemente buenos destruyéndonos. Cuando no había un frente común nos hemos tratado de destruir unos a otros. Queriendo estar por encima de los demás. Lo he visto. Lo hemos comentado mil veces. Era casi un chiste entre nosotros. Algo así como una verdad incómoda. Pero incompleta. Porque ahora, desde aquí… lo siento. Sé que no estamos acabados. Porque también somos capaces de lo contrario.

De unirnos frente a un enemigo común. De colaborar estrechamente. De construir. De hacer cosas que ningún individuo podría lograr por sí solo. Lo hemos hecho antes. Hemos llegado a hacer avances increíbles en ese estado de colaboración internacional y planetaria. Si nos obligan, lo volveremos a hacer. Si dejamos de lado todo lo demás. Por eso estoy grabando todo esto. Para dejaros un legado. Para ofreceros la verdad desnuda y salvaje —el hombre da otro respingo y se pasa la mano por la barba. El ruido inunda la pantalla. La luz a su alrededor cambia de color.

No sé cómo explicar lo que siento. Es como si me respondiera. Como si esto… escuchara mis pensamientos. Como si entendiera mis palabras.

Y por un instante siento algo parecido a una pregunta. No son palabras. Pero la idea clara y nítida se forma en mi cerebro. Directa. Simple. Una pregunta flota en mi masa gris: ¿Qué sois? La respuesta me atraviesa antes de poder pensarla. No somos los sumisos que había en Valdemoro. No somos el miedo que nos atenazaba. No somos la división que podéis observar en las noticias de cualquier canal de televisión. Como tampoco somos el egoísmo. O al menos… no somos solo eso. Tenemos la posibilidad de elegir qué y quién ser. Y ahí está la clave. Nuestra superioridad. Vosotros sois creados para un fin y no os podéis salir de vuestra vida de colmena.  La superioridad de la raza humana siempre estuvo en el libre albedrío. En poder lograr lo que nos propongamos. Hay un último pensamiento que quiero dejar a quien me pueda escuchar o ver este vídeo. Por si alguien llega hasta aquí. Por si alguien escucha. Por si alguien todavía puede decidir. No importa lo que haya ahí fuera.  No importa la naturaleza de lo que tenemos encima. Si estáis separados… no tendréis ninguna oportunidad. Pero si, aunque por un momento, sois capaces de mirar en la misma dirección… de confiar… de trabajar juntos… entonces… —el tipo cierra los ojos con fuerza, hace un gesto de dolor y se aprieta las sienes con ambas manos. Una espuma sanguinolenta aparece en la comisura de sus labios. Una pausa. Algo ha cambiado en ese ambiente. La luz se intensifica…

Por primera vez desde que todo empezó… no siento miedo. Solo una certeza tranquila. Esto no ha terminado. Quizá sí para mí. Porque yo no tengo futuro. Pero no para vosotros. Permaneced unidos… enfrentaros a estos seres unidos. La humanidad se sobrepondrá. Hacedlo… Aaaaaaah… 

La luz late una vez más. Como un pulso verde. Crepita la pantalla como si emitiera una señal. Como si este sonido fuese el inicio de una batalla.

Las manos impolutas y temblorosas dejan el móvil a un lado. El militar español sube al estrado y pide que apaguen la pantalla donde han proyectado el mensaje de ese tipo. Los atónitos miembros del congreso se quitan lentamente los auriculares. Algunos deciden llamar a sus familiares, otros se miran. Pero todos toman una determinación. 

Hemos de dejar de lado nuestras disputas y prepararnos para este objetivo común, que es avanzar y sobrevivir. Crecer y pervivir. Permanecer unidos.

Las manos impolutas y temblorosas dejan el móvil a un lado. El militar español sube al estrado.

—Apaguen eso —La pantalla se funde a negro. Nadie habla. Los miembros del congreso se quitan lentamente los auriculares. Algunos se miran. Otros evitan cruzar la mirada con nadie y se quedan mirando el suelo.

Uno de ellos se levanta y grita:

—¡Esto no puede hacerse público! —Silencio.

—¡Provocaría el caos! —otro asiente.

—O nos obligaría a actuar —nadie responde.

—Ya es demasiado tarde. Este tipo no solo envió el mensaje al jefe de su despacho… hizo lo propio con todos sus contactos. El vídeo se ha viralizado a toda velocidad.

—¡No puede ser! —gritó el italiano. Hubo quien se llevó las manos a la cabeza. Otro se tapó la cara para que no lo vieran llorar. 

—Estamos aquí para tomar una decisión… la única manera de salvar el planeta es mantenernos unidos —poco a poco se fueron calmando y asintieron uno a uno. El finés señaló la pantalla con su dedo y todos miraron…

En la pantalla apagada, durante un instante… algo parpadea. Es un pulso verde.

Como si la señal… no se hubiera detenido.


Si quieres seguir la investigación desde el principio, puedes leer las entregas anteriores aquí:

Parte I 

Parte II

Parte III 

Parte IV 

Parte V


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