El terror de lo cotidiano.
El verdadero terror de Richard Matheson no estaba en los monstruos. Estaba en nosotros. Richard Matheson nunca pareció interesado en describir el fin del mundo como un espectáculo. Aunque su modo de escribir se empeñara en lo contrario, prefirió narrarlo desde una habitación cerrada, una calle vacía al atardecer o desde la conciencia de un solo hombre enfrentado a una certeza insoportable. Su literatura no avanzaba hacia la catástrofe, sino que la dejaba caer, silenciosa, sobre la vida cotidiana, y observaba qué quedaba en pie. Tal vez por eso su obra sigue resultando tan perturbadora. No envejece porque no depende de modas, sino de temores esenciales. Unos temores que siempre nos han acompañado. Tenía una intuición muy clara: lo extraordinario no es una ruptura, ya que no es más que una consecuencia natural y lógica del devenir de los tiempos. El vampiro de Soy leyenda , por ejemplo, no es una criatura romántica ni una amenaza exótica. Es el resultado lógico de un mundo que ha cam...