Seis, seis, seis
El último tic En la estación no había nadie. El silencio absoluto embotó su cerebro. Se detuvo y miró alrededor extrañado. Alzó su muñeca para mirar el reloj y parecía no funcionar. Se lo llevó al oído por escuchar el tic tac, pero descubrió que el latido era lento, muy lento.