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Mostrando las entradas etiquetadas como Raíz Oscura

El ritual de Brigid

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Invierno y fuego: un cuento oscuro de paganismo. Cada febrero, cuando el invierno empezaba a aflojar porque alcanzaba su cuesta abajo, pero aún conservaba la mala intención suficiente como para morder con ansia los tobillos, el pueblo de Cárn Dún preparaba el ritual de Imbolc. Lo hacían en silencio, cada uno ultimando su tarea, sin turistas alrededor, sin explicaciones que dar y sin esa poesía new age que había convertido todo lo pagano en manuales de autoayuda y religiones que enseñan, sin lograrlo, a un lerdo a no ser tan mediocre.

Febrero en Valdeón

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El abrazo de febrero. Febrero siempre fue un mes corto. Quizá lo fuera por ajustes de calendario, pero nosotros sabemos que es por compasión. Eso decía insistentemente el anciano del pueblo, que nos hablaba de este mes como si se tratase de un animal callejero: flaco, tembloroso, impredecible, y con más mordiscos que caricias. Pero nadie creía sus palabras. Todos pensaban que estaba mal de la cabeza. A nadie le preocupa la reputación del calendario. ¿Qué paparruchas son esas?

El muñeco de nieve

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Cuentos de la bufanda roja para un invierno terrorífico. La primera nevada cayó temprano ese año, cubriendo el pueblo de un blanco cegador. En la plaza central, apareció de un día para otro, un muñeco de nieve gigantesco, más alto que cualquier adulto. 

La noche de Reyes

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Cuando la sombra viene a visitarte. Adrián siempre se despertaba temblando en la noche de Reyes Magos. Sus padres decían que era la emoción de los regalos, pero él sabía que no. El problema no eran las sonrisas ni el festejo. Tampoco los regalos. El problema era él. El monstruo. El hombre del saco.

Planes de Navidad

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Esta Navidad no todos tendrán lo que quieren. Nadie en aquella casa lo sospechaba, pero había decidido que esta Nochebuena sería la última para todos ellos. Lo supo dos semanas antes: su mujer y su cuñado, el marido de su hermana, estaban juntos. 

Fame antigua

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Al pie del pozo negro. La galería número tres del pozo rugió como si algo se hubiera despertado de golpe. Las entrañas de la montaña exhalaron su aliento de fuego y grisú. Una explosión seca y brutal partió la roca. 

Confesión de Elías Cromwell

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Diario perdido de los colonos que desaparecieron en 1621 Aún recuerdo el sonido del mar aquella mañana, cuando el reverendo Northwood ordenó que todos los varones nos reuniésemos en cubierta para iniciar el momento de la oración. El barco crujía bajo el peso de su propia debilidad, y el aire estaba tan quieto que parecía observarnos. 

Reflejos

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A veces, los espejos no devuelven reflejos... sino ausencias. La noche de Halloween llegó como una sentencia. Durante toda tarde había caído una tormenta ventosa y feroz. A medida que el cielo se iba oscureciendo, la lluvia y el fragor de truenos y relámpagos se apaciguaban. El silencio lo envolvió todo de repente. Parecía que un manto negro abrigaba por la noche al pequeño pueblo. Un silencio tenso recorrió sus calles.  

Seis, seis, seis

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El último tic En la estación no había nadie. El silencio absoluto embotó su cerebro. Se detuvo y miró alrededor extrañado. Alzó su muñeca para mirar el reloj y parecía no funcionar. Se lo llevó al oído por escuchar el tic tac, pero descubrió que el latido era lento, muy lento.

El coleccionista

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En cada barrio hay una ventana que nadie debe mirar. Era un barrio normal. Anodino. Que vivía su cotidianidad sin ningún sobresalto. Cada cual llevaba a cabo su labor de un modo mecánico. Se saludaban más por costumbre que por educación o compromiso. 

Silencio azul (Parte I)

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Ocho almas y un barco que nunca debió zarpar. PARTE I El mar estaba tranquilo. Demasiado tranquilo. A la espera. Era una calma enfermiza. Prometía tormenta con cada oscilación. Como el ojo del asesino demente que aguarda sin pestañear a su víctima.

La vía de la Alameda de Osuna

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Un verano donde aprendimos que el miedo también tiene raíles.   Decían que por la vía del tren ya no pasaban trenes. Hacía años que había dejado de ser la vía de la gasolina. Alguno de ellos había visto, casi en la bruma del recuerdo, pasar algún tren de higos a brevas. Pero hacía tiempo que por la vía de la Alameda de Osuna no pasaba nada. Ni trenes ni almas en pena. O eso creían.