Seis meses sin música
Obedecer el silencio Prohibieron la música durante seis meses y la ciudad parecía respirar mejor. Los pasos de las personas al caminar por la calle dejaron de tener ritmo. Se volvieron planos. Insulsos. Arrastraban los pies. Los más osados, fingieron una agilidad que habían perdido. Había veces que tropezaban con un adoquín o una acera al arrastrar sus pies. Cuando una nueva torpeza de este estilo regresaba, sentían como si el cuerpo se hubiera olvidado de algo ancestral, que debería estar ahí pero había sido olvidado sin que lo supieran nombrar. Durante esos seis meses, dejó de escucharse música y el número de peleas había bajado notablemente. Las autoridades se felicitaron muy ufanos. Les parecía haber logrado un éxito mayúsculo. De esos que les reportaría fama mundial, pero el descenso de la violencia fue abrupto como la bajada de un suflé cuando se enfría. Solo se escuchaba el frisfrás de la ropa al rozar mientras andaban, pero ese ruido carecía de compás o me...