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Mostrando las entradas etiquetadas como terror psicológico

El comité del dolor

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La justicia poética duró diez minutos. El Comité para la Optimización del Dolor Crónico se reunía cada jueves a primera hora. Eran unos señores muy ceñudos y grandilocuentes que iban en bata blanca para no manchar su conciencia. Se reunían siempre después del croissant del departamento, porque cada día tenían que parar todos juntos media hora a desayunar. Eso de administrar sufrimientos en ayunas les parecía de una crueldad innecesaria. Las decisiones se toman, decían entre carcajadas, mejor con el estómago lleno.  

Palabras en piedra.

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Recuerdos imposibles  tallados en piedra Nadie vio regresar a los primeros. Eran bultos desconocidos. Caminaban por la calle con la   mirada perdida y el rostro vacío. Saludaban alzando las cejas y continuaban imperturbables su camino. Cuando algún vecino creía ver a alguien conocido y se giraba, no lo volvía a ver. Era como si se hubiese disuelto en la vorágine vertiginosa del día a día. Aquella mañana, tomando café como cada mañana en el bar de la plaza contigua a mi casa, mi compañero Sergio comenzó a narrar una conversación que había tenido con su madre. Pero la madre de Sergio había fallecido años atrás. Yo había asistido aquel lluvioso día de otoño al cementerio. Pero él continuaba su narración como si nada. Miré alrededor y nadie notó nada extraño.   Me encogí de hombros y me fijé en él. Sus cejas subían y bajaban mientras hablaba. Sus hombros se agitaban con cada carcajada. Tenía una risa cristalina y exacta. Sus oyentes reían al unísono mientras Sergio pe...

El hospital del tiempo roto

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Donde el dolor no acaba, pero aprende a repetirse Despertó con el dolor royéndole la columna con sus afilados dientes. No era un dolor normal, pero ¿qué dolor es normal? Este tenía textura, tenía voz. Se comunicaba con ella. Sentía como si algo afilado hubiera aprendido a respirar dentro de su cuerpo. 

Planes de Navidad

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Esta Navidad no todos tendrán lo que quieren. Nadie en aquella casa lo sospechaba, pero había decidido que esta Nochebuena sería la última para todos ellos. Lo supo dos semanas antes: su mujer y su cuñado, el marido de su hermana, estaban juntos. 

El coleccionista

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En cada barrio hay una ventana que nadie debe mirar. Era un barrio normal. Anodino. Que vivía su cotidianidad sin ningún sobresalto. Cada cual llevaba a cabo su labor de un modo mecánico. Se saludaban más por costumbre que por educación o compromiso.