Referentes literarios de Habitación 216
Razones por las que estas lecturas son referentes
Razones por las que estas lecturas son referentes
Lo diré de un modo claro y sin rodeos: estos libros que mencioné en aquel tuit no son solo mis favoritos, son parte del arsenal que me ayudó a construir Habitación 216.
No son simples libros. Son historias que me atravesaron como cuchillos cuando estaba atesorando lecturas y que, con el tiempo, terminaron moldeando al escritor que llevo dentro. Aquí te cuento qué me dejaron y cómo su eco se filtró en la oscuridad, el suspense y el horror psicológico que habitan en mi novela.
Pero no solo, pues también el dolor me enseñó a posicionarme de una manera determinada y afrontar la vida como viniese. A puerta gayola. Sin ambages. A tomar lo que viene, tal como viene y traté de inspirarme en este aprendizaje para que Fernando, el protagonista de mi novela, se empapase de esta forma de vida.
Las lecturas que me inspiraron son:
20.000 leguas de viaje submarino — Julio Verne
De niño, mi mundo eran los tebeos y las aventuras facilonas, hasta que Verne me arrojó a las profundidades del abismo con sus monstruos marinos y ese reino abisal
Aquella edición con lomos rojos fue, para mí, una puerta hacia lo desconocido, a un nuevo mundo, a la que yo pensaba que era la antesala del lado oscuro de la literatura.
Verne es un maestro de la atmósfera; esas sensaciones envolventes que te rodean poco a poco hasta que no puedes escapar de la lectura y acompañas, sin aliento, a los protagonistas a lo largo de toda la historia.
Una especie de neblina que te envuelve y no te deja escapar. En Habitación 216 traté de recrear esa opresión silenciosa, ese misterio que te hace sentir que algo terrible acecha bajo la superficie de la historia.
De niño, mi mundo eran los tebeos y las aventuras facilonas, hasta que Verne me arrojó a las profundidades del abismo con sus monstruos marinos y ese reino abisal
Aquella edición con lomos rojos fue, para mí, una puerta hacia lo desconocido, a un nuevo mundo, a la que yo pensaba que era la antesala del lado oscuro de la literatura.
Verne es un maestro de la atmósfera; esas sensaciones envolventes que te rodean poco a poco hasta que no puedes escapar de la lectura y acompañas, sin aliento, a los protagonistas a lo largo de toda la historia.
Una especie de neblina que te envuelve y no te deja escapar. En Habitación 216 traté de recrear esa opresión silenciosa, ese misterio que te hace sentir que algo terrible acecha bajo la superficie de la historia.
Frankenstein — Mary Shelley
El moderno Prometeo, el monstruo de Mary Shelley, la novela que surgió, al menos en parte, de un juego de ingenio en la mansión de Villa Diodati, junto al lago Lemán, en Ginebra (Suiza) el año que no hubo verano.
Pues bien, el de Shelley, es un monstruo que no solo da miedo, sino que también siente dolor, sufre y clama en la oscuridad.
Me hizo sentir identificado con el monstruo y eso hizo que me explotase la cabeza ¿cómo puedo sentir empatía por semejante engendro?
Shelley me enseñó, de este modo tan sorprendente, que el horror no está únicamente en la sangre o los monstruos, sino que también puebla la soledad, la culpa y la desesperación.
En Habitación 216 intento capturar ese grito interno, aunque en mi novela no hay un monstruo propiamente dicho, sino que subyace invisible bajo la superficie de la historia y te consume por dentro.
El moderno Prometeo, el monstruo de Mary Shelley, la novela que surgió, al menos en parte, de un juego de ingenio en la mansión de Villa Diodati, junto al lago Lemán, en Ginebra (Suiza) el año que no hubo verano.
Pues bien, el de Shelley, es un monstruo que no solo da miedo, sino que también siente dolor, sufre y clama en la oscuridad.
Me hizo sentir identificado con el monstruo y eso hizo que me explotase la cabeza ¿cómo puedo sentir empatía por semejante engendro?
Shelley me enseñó, de este modo tan sorprendente, que el horror no está únicamente en la sangre o los monstruos, sino que también puebla la soledad, la culpa y la desesperación.
En Habitación 216 intento capturar ese grito interno, aunque en mi novela no hay un monstruo propiamente dicho, sino que subyace invisible bajo la superficie de la historia y te consume por dentro.
El resplandor — Stephen King
Entre todas las virtudes de Stephen King, me gusta resaltar la de ser un autor costumbrista que es capaz de convertir lo cotidiano en una pesadilla.
En este caso, la locura de Jack Torrance y la tensión psicológica que recorre El resplandor me mostraron que el terror más perturbador es eel que nace dentro de la mente humana.
Quise trasladar a mi novela algo de ese veneno, la idea de que lo aparentemente normal puede transformarse, poco a poco, en un infierno personal del que no hay salida.
Drácula — Bram Stoker
La primera vez que sentí realmente miedo fue yendo de la mano de Bram Stoker.
En efecto, no podía faltar el gran clásico del terror. He de decir que, para mí, siempre fue algo más que una historia de vampiros.
Drácula es paranoia, acecho constante, la sensación continua de quee alguien o algo te observa desde las sombras.
Aunque en Habitación 216 no utilizo el recurso de las cartas ni de los diarios, sí quise incorporar mitos gallegos que funcionan de manera similar. Tratando de crear una atmósfera inquietante en la que el lector sienta que algo le observa... y quizá no haya escapatoria.
La primera vez que sentí realmente miedo fue yendo de la mano de Bram Stoker.
En efecto, no podía faltar el gran clásico del terror. He de decir que, para mí, siempre fue algo más que una historia de vampiros.
Drácula es paranoia, acecho constante, la sensación continua de quee alguien o algo te observa desde las sombras.
Aunque en Habitación 216 no utilizo el recurso de las cartas ni de los diarios, sí quise incorporar mitos gallegos que funcionan de manera similar. Tratando de crear una atmósfera inquietante en la que el lector sienta que algo le observa... y quizá no haya escapatoria.
La sombra del viento — Carlos Ruiz Zafón
Con Ruiz Zafón aprendí algo fundamental y que después he advertido en otras ocasiones: que los lugares pueden ser un personaje más. A veces, el protagonista.
Hay ciudades que son un género literario. Como la Barcelona del cementerio de libros olvidados. Sus calles, sus edificios y sus bibliotecas respiran, recuerdan y guardan secretos. No son un escenario más.
En Habitación 216 intenté capturar el latido de la Galicia mística. Capturar el latido oculto. Tratar de manejarme en el filo de la navaja de lo tangible y lo sobrenatural. Convirtiendo este escenario en algo vivo... y, a veces, inquietante.
Con Ruiz Zafón aprendí algo fundamental y que después he advertido en otras ocasiones: que los lugares pueden ser un personaje más. A veces, el protagonista.
Hay ciudades que son un género literario. Como la Barcelona del cementerio de libros olvidados. Sus calles, sus edificios y sus bibliotecas respiran, recuerdan y guardan secretos. No son un escenario más.
En Habitación 216 intenté capturar el latido de la Galicia mística. Capturar el latido oculto. Tratar de manejarme en el filo de la navaja de lo tangible y lo sobrenatural. Convirtiendo este escenario en algo vivo... y, a veces, inquietante.
¿Qué tienen que ver todos estos libros con Habitación 216?
Son parte de la sangre que corre por sus venas en mayor o menor medida. De un modo más o menos evidente. Hay más, pero estos son los más claros.
Cada uno me enseñó algo distinto: cómo construir atmósferas densas; crear personajes rotos, cómo utilizar el espacio y el tiempo como elementos de tensión.
El miedo, el suspense y la inquietud no están ahí como mera decoración o un simple adorno. Son herramieentas para intentar provocar algo en el lector.
Son parte de la sangre que corre por sus venas en mayor o menor medida. De un modo más o menos evidente. Hay más, pero estos son los más claros.
Cada uno me enseñó algo distinto: cómo construir atmósferas densas; crear personajes rotos, cómo utilizar el espacio y el tiempo como elementos de tensión.
El miedo, el suspense y la inquietud no están ahí como mera decoración o un simple adorno. Son herramieentas para intentar provocar algo en el lector.
Conclusión
Estos libros no solo me moldearon como lector: también influyeron en el escritor en que he convertido.
Habitación 216 nace, en parte, de todas esas lecturas. Porque alguien se convierte en lector de la mano de sus lecturas, como también de sus vivencias que le moldean la mirada.
He intentado plasmar la ciencia oscura de Shelley, la paranoia de Stoker, la tensión psicológica de Stephen King, la atmósfera de Julio Verne y el magnetismo de los lugares de Ruiz Zafón.
Si decides entrar en esa habitación, ya me dirás si algo de todo esto sigue latiendo entre sus paredes.
Si quieres adquirir Habitación 216 puedes hacerlo en este enlace:
Si te apetece ir más allá del relato...
Puedes entrar en mi Substack y suscribirte para descubrir el miedo que subyace en cada historia…
Estos libros no solo me moldearon como lector: también influyeron en el escritor en que he convertido.
Habitación 216 nace, en parte, de todas esas lecturas. Porque alguien se convierte en lector de la mano de sus lecturas, como también de sus vivencias que le moldean la mirada.
He intentado plasmar la ciencia oscura de Shelley, la paranoia de Stoker, la tensión psicológica de Stephen King, la atmósfera de Julio Verne y el magnetismo de los lugares de Ruiz Zafón.
Si decides entrar en esa habitación, ya me dirás si algo de todo esto sigue latiendo entre sus paredes.
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“Si miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.”
— Friedrich Nietzsche, Más allá del bien y del mal.”
“Si miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.”
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