Todo nervio y corazón
Aprovechando la próxima celebración de elecciones a la presidencia del Real Madrid el próximo día 7 de junio, y ante la cantidad de menciones que, en estas y otras conversaciones, suele recibir la figura de Don Santiago Bernabéu, conviene aclarar algunos aspectos que diferencian su figura de la de cualquier otro presidente que haya tenido el club.
Bernabéu accedió a la presidencia del Real Madrid en el año 1943, después de haber sido jugador, entrenador y directivo de la entidad. Al inicio de su mandato se encontró un club prácticamente devastado. La Guerra Civil había provocado la desaparición, el exilio e incluso la muerte de buena parte de jugadores y dirigentes. El Real Madrid atravesaba una situación institucional y económica extremadamente delicada.
Ante aquella realidad, Bernabéu y algunos de sus más estrechos colaboradores, comenzaron una labor artesanal de reconstrucción del club. Visitaron personalmente a antiguos directivos, socios y futbolistas para convencerlos de que el club debía volver a levantarse para recuperar la ilusión perdida de una sociedad mortalmente herida tras el conflicto fraternal.
Sin embargo, Don Santiago entendió pronto que la reconstrucción del Real Madrid no podía circunscribirse en exclusiva al plano deportivo. Consideraba imprescindible devolver la ilusión a la sociedad madrileña primero, y del resto de España después, y elevar el club de una dimensión acorde a su ambición. Para llevar a cabo su sueño necesitaba un estadio que fuese un referente nacional y continental. El estadio se llamaría Nuevo Chamartín.
Para financiar la construcción del estadio, que hubiera sido imposible de un modo unilateral, se recurrió a la emisión de empréstitos. La posesión de estos títulos otorga la condición de prestatarios de sus suscriptores. Fueron adquiridos masivamente por los socios y aficionados del club, que pasaron así a convertirse en acreedores. Las emisiones se produjeron en tres fases: en 1944 se emitieron 20.000 obligaciones por valor de 10 millones de pesetas; en 1946, 30.000 obligaciones por 15 millones; y en 1947, otras 10.000 obligaciones por 5 millones de pesetas.
La respuesta del madridismo para sostener económicamente el proyecto de Bernabéu asombró a propios y extraños. Aquella experiencia marcó profundamente al presidente, que siempre defendió que el Real Madrid debía pertenecer siempre a sus socios, ya que estuvieron a su lado en los momentos más difíciles.
Durante aquellos años, tanto rivales como periodistas se mofaban del megalómano proyecto madridista de Don Santiago. Llegando a decir que el Real Madrid tenía “un estadio de primera para un equipo de segunda”. Sin embargo, el anhelo de Bernabéu iba mucho más allá de construir un gran estadio.
En 1952, durante el torneo de las Bodas de Oro del club, el Real Madrid disputó un partido frente a Millonarios de Bogotá. Aquel encuentro resultaría decisivo para la historia del fútbol madridista, español y europeo, pues Bernabéu quedó fascinado con el juego de Alfredo Di Stéfano y decidió llevar a cabo su fichaje.
La situación del futbolista era compleja. En 1949 se había producido una huelga de jugadores en Argentina, lo que llevó a Di Stéfano y otros jugadores a marcharse a Colombia. Don Alfredo abandonó su país para ir a jugar en Millonarios. Si bien, la liga colombiana de aquella época funcionaba al margen de los cauces oficiales de la FIFA, el organismo internacional decidió regularizar su situación. Como consecuencia, los futbolistas argentinos debían regresar a sus clubes de origen.
En ese ínterin se produjo el conflicto sobre los derechos de Di Stéfano. River Plate reclamaba la propiedad federativa del jugador, mientras que Millonarios poseía los derechos deportivos derivados de su contrato vigente.
El Barcelona también se interesó por el jugador y alcanzó un acuerdo con River Plate, mientras que el Real Madrid negoció con Millonarios. La disputa entre ambos clubes españoles terminó enquistándose hasta tal punto que la Federación Española propuso una solución salomónica: Di Stéfano jugaría temporadas alternas en cada club. El futbolista llegó a ser invitado a viajar a Barcelona permaneciendo parado durante todo un año. Cuestión que molestaría de un modo decisivo al astro argentino.
Las distintas tensiones, incluso dentro del club barcelonés; la complejidad jurídica de esa situación contractual y las dudas económicas que suscitaron la viabilidad de su fichaje, el club azulgrana terminó retirándose de la operación. El Real Madrid pudo definitivamente cerrar el fichaje de Di Stéfano en 1953. Alrededor de Di Stéfano, Bernabéu construyó el mejor equipo de todos los tiempos. Llegaron jugadores legendarios como Puskas, Gento, Rial o Santamaría, entre otros.
Paralelamente, tras la disputa en 1954 del encuentro entre Wolverhampton Wanderers y Budapest Honved, se abonó en el imaginario colectivo la idea de crear un torneo internacional europeo. Tanto el Real Madrid como L’Equipe fueron los artífices de la creación de la Copa de Europa. Utilizarían este nuevo torneo como escenario para proyectar su grandeza al continente.
La combinación de una estructura institucional sólida, un estadio monumental y un equipo irrepetible convirtió al Real Madrid en un mito deportivo de dimensión universal. Desgraciadamente, aquella época dorada de las cinco Copas de Europa consecutivas terminó llegando a su fin. A partir de entonces, la política deportiva de Bernabéu se volvió más austera y racional.
La idea no era acumular nombres, como si fueran cromos, sino construir plantillas equilibradas que mejorasen las prestaciones deportivas del equipo. Los conceptos de unidad, equipo, solidaridad, entrega y fe se volvieron la seña de identidad del club, lo que acabó favoreciendo su legendaria marca de lucha hasta el final y de éxito global.
Todo lo anterior explica por qué la figura de Don Santiago trasciende la de cualquier otro presidente del Real Madrid. Justifica, además, por qué hay que ser fieles a la tradición y los valores heredados del nacimiento y éxito del club.
La idea de que el Real Madrid pertenezca a sus socios no puede entenderse como un simple capricho romántico o una cuestión de chanza, broma o palabrería huca. Es la propia idiosincrasia e identidad histórica del club y de la manera en que el madridismo logró reunificarse reconstruyéndose tras uno de los periodos más oscuros y difíciles de su historia.
Dentro de esos valores está la siempre denostada y ninguneada política deportiva del Real Madrid que debería seguir fundamentando la confección de la plantilla de acueerdo a los valores de Bernabéu. Adquiriendo un talento que cubra las necesidades reales del equipo y que aporten un salto competitivo al equipo, más allá del impacto mediático o comercial que estas estrellas pudieran producir.
Así que no es lo mismo cualquier otro presidente, por exitoso que haya sido, que la imponente figura de Don Santiago Bernabéu de Yeste.
No obstante, en momentos de zozobra institucional y duda, conviene revisar la historia del club para que no se aleje de sus valores, tradición e historia.
Porque la mejor manera de ser fiel a tus principios es ser siempre tú mismo.
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“Si miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.”
— Friedrich Nietzsche, Más allá del bien y del mal.”
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